MAMÁ, ESTOY ARRUINANDO LA VIDA A UN RUSO

Entre el chino, la rubia tonta y su cohorte, la rubia foral y el majete, le estamos montando un cristo al saltamontes ruso de mi clase de Recreating Silicon Valley, (RSV) que le estamos arruinando la empresa.
La RSV va de ayudar a unos emprendedores rusos, que estan ubicados en sus estepas rusas, a desarrollar su start up en Silicon Valley. La idea es buena: una vez a la semana tenemos una clase teórica, que es grabada y que los saltamontes rusos ven al dia siguiente on line -solo el estoicismo ruso es capaz de contemplar con calma nuestras camisetas de tirantes mientras ellos llevan tres refajos anti-nieve…-
Además, se supone que somos varios grupos en clase y cada uno tiene asignado un emprededor ruso, con el que hablamos semanalmente y le ayudamos a impulsar su proyecto. Y ahí, en ese punto, es en el que no acabamos de ser del todo buenos….
Nuestro ruso es majete, se llama Ilya y tiene una start up de la cual no puedo hablar porque me han atizado un Non Disclosure Agreement, que implica que como largues te la cargas. Cualquier día de estos la camarera de mi Coupa Cafe me va a hacer rubricar un NDA antes de listarme los cafés del dia…
Al principio éramos tres en el equipo: el simpático, el chino y la rubia foral (moi). El chino me preguntó el primer día si yo era una de las emprendedoras rusas y me mosquée tanto que me es igual si es coreano, vietnamita o de la Baja California. Para mí seguirá siendo el chino.
Pero al cabo de dos semanas aquello se convirtió en el caos absoluto con la aparición de ella: la rubia tonta. Si, esa que ha sido la jefa de las animadoras en el instituto, la reina del baile y la novia del capitan del equipo de rugby. Es tan auténtica que podria incluso haber llegado a encontrarle un requiebro simpatico -como los leopardos de cristial en casa de Alska- pero sus reiteradas actuaciones estelares han llevado a que sólo quiera envolverla con un lazo rosa y enviarla de regreso a su Oklahoma natal.
La rubia tonta y sus uñas rosas dieron señales de vida en nuestro grupo 4 semanas después del comienzo de la clase y lo hicieron como toda rubia de película debe aparecer: con su cohorte de amigas, dos morenas parcas en palabras y maneras.
Tan nerviosa estaba de hablar con alguien de Rusia que cuando hizo la presentacion en clase el dia anterior hablo de una empresa distinta. Si, asi es ella, se invento una empresa. El majete, que trabaja en muchas ONGs y es como el Santo Job pero de Colorado, fue el encargado de pedirle perdon al ruso, que se caia de la silla ante lo que sus congeladas orejas estaban oyendo. Mientras, el chino me volvio a preguntar si yo era rusa. Os lo juro.
La cosa esta tan mal que el pobre ruso reconocio ayer que se coge un avion y viene a Silicon Valley, que llega la semana que viene para hacer el la presentacion final de su proyecto. Vamos, que ve claramente que si seguimos ayudandole le destrozamos la empresa. Lo que todavia no se es si la rubia ira a recibirle al aeropuerto con unos pompones. Que vida tan jod’ia la del emprendedor ruso…
