EL RESTAURANTE DE GOOGLE DONDE COME STEVE JOBS


Así son en el Valley, mucho más europeos que los que llevamos el esperanto grabado a fuego, y este europeísmo lo he visto yo en Calafia, uno de los restaurantes más famosos de Palo Alto. Por principio, si en España una guía te recomienda un lugar ubicado en un centro comercial  como uno de los mejores hitos gastronómicos de una ciudad piensas que: o la guía es una mierda o la ciudad es una mierda. 

 

Sin embargo, ahí está Calafia, perfectamente ubicado en su moll paloaltés, que es un centro comercial mono, no lo vamos a negar, pero centro comercial al final y al cabo. Aparte de su ubicación, ni la comida es para morirse de rica, ni el local es el más bonito de Palo Alto. Y, entonces, ¿por qué he ido más de una veintena de veces en los últimos tres meses? Una es rubia, pero tampoco gilipollas, ( en realidad quería yo afirmar que mi rubiedad es producto de los químicos y no natural, pero no quiero que nadie se me soliviante…) 

 

Calafia es el restaurante propiedad de Charlie Ayers, el chef de los cuarteles generales de Google, en Mountain View. Y, esto, en el Valley, puntúa doble. Ayers, listo él, percatóse de que lo de dar de comer a los del buscador vestía mucho y se lanzó a escribir un libro y a abrir un restaurante: Food 2.0 arrasa en ventas y Calafia está siempre hasta los topes. 

Desde que me enteré de la historia, mi snobismo techie me ha llevado al restaurante reiteradamente. El brunch de los domingos es bastante agradable, ciertamente, siempre y cuando no oses beber un sorbo de su café: el bacon crujientillo como sólo mis americanos lo saben hacer, esos huevos revueltos babeantes, ese hash potato sabrosillo… 

 

Evidentemente, no soy la única que ha peregrinado reiteradamente a modernear en Calafia. ¿Quién es el moderno por excelencia? ¿Quién es el más trenddy de todo Silicon Valley? Mi Stve Jobs, por supuesto. Y, ala, allá que se deja caer él, de temps en temps, por Calafia. 

Ve una las pujas por quién es la compañía más influyente, si Apple o Google; contemplo cuan madre preocupada la batalla entre iPhone y Android; veo los esfuercillos del Galaxy por intentar ser de mayor un iPad; miro orgullosa cómo me está creciendo en aplicaciones el Market, que un año de estos alcanzará a mi App Store… 

 

Pero nada de esto parece importar en Palo Alto. No hay competencia, ni rencilla techie que no pueda unir un buen bacon churruscadillo. !Que viva el europeísmo!